El IoT (Internet of Things) o Internet de las cosas, supone la digitalización del mundo físico, es decir, la relación entre los objetos y las personas que a través de su conexión a la red ofrece información en tiempo real.

Este concepto, al que se hace referencia casi a diario, surgió en el año 1999 en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Cada día contamos con un mayor número de dispositivos conectados entre nosotros, y se espera que la cifra de este tipo de objetos se sitúe entre los 22.000 y los 50.000 millones en el año 2020, según un informe llevado a cabo por la empresa Cisco.

Ya existen pulseras que informan sobre aspectos de salud, persianas que suben o bajan dependiendo de la luz o la hora del día, incluso, frigoríficos que avisan de que algún producto de consumo habitual se ha terminado, o electrodomésticos que se encienden y comienzan a funcionar en el momento en el que se necesitan.

Disponer de este tipo de dispositivos, va a facilitar y mucho, la vida de los consumidores, pero también va a aportar información muy valiosa para las marcas, que, sin duda, la utilizarán para crear nuevas estrategias totalmente adaptadas y personalizadas, que mejoren la experiencia de uso.

El sector de los medios de pago, no quiere dejar pasar esta oportunidad, y es por ello que apuesta por la innovación continua, ofreciendo medios de pago alternativos a los tradicionales, tales como prendas de vestir o complementos como pulseras, anillos, relojes, etc., que permiten realizar pagos de forma instantánea gracias a la tecnología NFC (Near Field Communication). Así, según el ICEMD las ventas de wearables en 2018 alcanzarán los 300 millones, y de todos ellos, entre el 30% y el 40% contarán con funciones de pago.

Las empresas empiezan a invertir en soluciones inteligentes que les permitan ofrecer múltiples formas de pago y servicios añadidos en todos sus canales de venta, a través de una única plataforma, incluyendo el análisis estratégico de los datos. Por este motivo, es inevitable no hablar de Big Data cuando hacemos referencia al Internet de las cosas o mejor dicho, al Internet de las Personas, teniendo en cuenta que toda la información y datos recogidos pertenecen al comportamiento de los individuos. Es por esto, que las empresas empiezan a ser conscientes de la necesidad de conocer al usuario para tomar futuras decisiones.

Desde el Departamento de Comunicación de Sipay, Beatriz Nanclares apunta que “El Internet de las cosas hará que las marcas conozcan perfectamente a sus consumidores, adaptando a ellos todos sus productos, servicios y experiencias, consiguiendo clientes fieles y convirtiéndolos en prescriptores de marca. Además, la omnicanalidad se convierte en un aspecto determinante para las empresas con la aparición de los dispositivos conectados, pudiendo ofrecer a sus clientes la mejor experiencia en el proceso de pago, sea cual sea el dispositivo que utilicen para llevar a cabo el mismo”.

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